viernes, 18 de julio de 2014

Cuando todos los niños del mundo

Al estar buscando un link en internet que me llevará hacia un artículo o hacia un sitio en donde pudiese saber cómo es el mundo desde la perspectiva de un niño, me crucé con un video que una persona había subido a la red y en el cual adjuntaba el siguiente comentario: “Me gustaría que este mensaje se difundiera por todo el mundo, para que ojalá los adultos entendiéramos el valor que tienen los niños en este mundo”.

Al principio creí que era un video que ya había visto, sin embargo noté una diferencia en el. 

Esa diferencia radicaba en que el archivo estaba conformado por una canción de uno de los personajes más icónicos del cine mexicano: Mario Moreno “Cantinflas”.

Y así, al transcurrir la música recordé muchos de aquellos momentos que marcaron nuestra infancia, los cuales al final serán los que nos definirá en nuestro crecimiento como adultos y como personas. Ahora que los años ya han ido pasando a través de mí, veo en los niños con los que de vez en cuando me topó; esa ilusión en sus ojos cuando te miran dominar el balón o hacer alguna otra cosa, que refleja un cierto grado de admiración, pero que sin embargo, ellos lo olvidan pues no quieren ser adultos todavía...ellos quieren seguir siendo lo que son; niños.

Al mismo tiempo que escribo esto y sin dejar de reproducir la canción que mencioné al inicio; una cuestión viene a mi mente, es una pregunta que quizá muchos se han hecho, pero que no hemos logrado valorar y entender la magnitud de dicho planteamiento.

El niño que alguna vez fuiste, ¿estaría orgulloso del adulto que eres? Vaya que es una bomba de reflexión y retroalimentación que no se contesta tajantemente con un sí o bien, con un no.

Pero mientras encontramos la respuesta de esa interrogante; quisiera contarles de unos niños que esta semana me han llamado la atención y que seguramente a ustedes también.

La Franja de Gaza y una parte de la costa occidental del río Jordán, fueron los territorios que debían formar parte del estado árabe palestino, según el Plan de la Organización de las Naciones Unidas para la partición de Palestina durante el año de 1947. En el transcurso del año siguiente, el primer territorio fue ocupado por Egipto, mientras que la costa del Jordán, incluyendo Jerusalén fue ocupado por Transjordania, es decir lo que actualmente se conoce como Jordania, por lo cual se adquirió la denominación de Cisjordania.

De la misma forma, en el año de 1967, la Franja de Gaza y Cisjordania fueron ocupadas por Israel durante la denominada “Guerra de los Seis Días”, que se prolongó del 5 al 11 de junio de ese año, y en la cual Israel destruyó los ejércitos que se habían estacionado a lo largo de sus fronteras y que amenazaban sus centros vitales, a partir de lo cual se comenzaron a realizar asentamientos hebreos en ambos territorios, acto que la propia ONU no reconoce y que considera además, contravenciones al derecho internacional.

En 1994, tras varias negociaciones de paz fue creada la Autoridad Nacional Palestina, cuyo fin era regular el ejercicio del dominio sobre la Franja de Gaza y de una parte de Cisjordania. Sin embargo, en el 2005, Israel abandonó dicho territorio, evacuando a sus ciudadanos y militares, aunque de alguna forma sique ocupando un vasto porcentaje de Cisjordania.

Fue entonces que surgió el grupo Islamista denominado Hamás, el cual desde su creación se ha enfrentado al Estado de Israel, por medio de métodos terroristas, a través de los que se niega a reconocer los acuerdos pactados ente palestinos e israelíes, quedando en suspenso las negociaciones.

La escalada de pánico y tensión que se ha desatado en aquella zona de oriente desde que inició el problema, ha arrebatado decenas de miles de vidas; sin embargo en las recientes semanas ha cobrado mayor relevancia dicho tema debido a que en redes sociales circulan fotografías e incluso videos, de los momentos en que misiles y morteros azotan a ambos bandos en conflicto, dejando ya una cifra de más de 220 muertos y más de mil 600 heridos, de los cuales muchos de ellos son niños y niñas que han sido víctimas de una disputa que parece no tener fin y de la cual pocos Estados han logrado intervenir apropiadamente.

No obstante, no es necesario que nos traslademos hasta Medio Oriente para hacer conciencia del problema real que enfrentan nuestros niños y niñas. Es hora de volver a nuestra realidad social.

Su nombre es Mauricio; es originario de Honduras y tiene 17 años. Es una edad que se figura como la antesala para convertirte en un adulto, aunque todavía careces del conocimiento real que la vida requiere para ser tomada por rienda propia. Sin embargo, para un chico como Mauricio, eso parece ser diferente ya que al leer su declaratoria te das cuenta que es totalmente diversa a la descripción mencionada.

“Hay chicos que no sobreviven más de cinco años porque se mueren de hambre. Sus padres no pueden trabajar porque no hay trabajo. Sólo dennos una oportunidad. Háganos mejores de lo que somos para que podamos ser algo mejor de lo que somos hoy en día”. 

¿Vaya frase para un chico de esa edad no? Mauricio pertenece a un grupo de menores que en las últimas semanas ha tomado por sorpresa no sólo a organizaciones civiles y en defensa de los derechos humanos, sino también al propio Estado mexicano y al conjunto de autoridades que lo conforman. Él como muchos otros, es un migrante y su relato es tan sólo una parte de las muchísimas entrevistas que fueron realizadas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados para los Estados Unidos y el Caribe; con las cuales se pretende esclarecer las principales razones por las cuales cientos de niños y niñas cruzan territorio mexicano, provenientes de nuestro país así como de Honduras, Guatemala y El Salvador.

Más de 57 mil niños originarios de Centroamérica han ingresado a Estados Unidos sin autorización y por ende sin compañía de un adulto, hecho que ha derivado en el crecimiento acelerado de la población que radica en los albergues e instalaciones de la Patrulla Fronteriza y que ha despertado las alarmas en los organismos protectores de la niñez, ante la problemática que representa dicho fenómeno, así como por el repudio que algunos grupos anti migrantes han expresado en su contra.

Niños y niñas que se embarcan en un peligroso viaje como este con el objetivo de huir de la violencia desatada en sus lugares de origen, que han sido separados de sus familiares o bien que sus padres cruzaron nuestro país para conseguir mejores oportunidades de vida, con tal de lograr el “sueño americano”, por lo cual ahora los pequeños buscan alcanzar el mismo destino de sus progenitores.

Casi hemos terminado. Sin embargo aún falta un tercer caso que esta semana hizo estallar las cosas en nuestro país.

Las denuncias de varios padres de familia ante autoridades policiales de nuestro país, fue el medio por el cual se descubrió esta semana una red de abusos y explotación sexual que se cometían en contra de niños y jóvenes en una casa de acogida denominada “La Gran Familia”, de la cuál Rosa Verduzco Verduzco era la encargada de llevar la dirección y quien junto a otras personas, administraba.

Muchas personas, incluidas el periodista León Krauze les ha sido difícil creer las acusaciones en contra de Verduzco, quien había sido descrita por muchos como “una mujer sola, que ha recogido, adoptado y educado para una vida digna y productiva a varios miles de niños abandonados. Su obra es, ante todo, un prodigio de caridad".

Sin embargo engañaba a todos y los únicos que conocían sus verdaderas intenciones fueron los cientos de niños explotados que han sacado a la luz sus historias, en las cuales el sufrimiento es un signo característico y repetitivo.

Ante tal situación, autoridades de la Procuraduría General de la República intervinieron en el albergue logrando liberar a 600 personas, entre ellas 432 menores de edad y seis bebés; quienes se encontraban en condiciones insalubres y lamentables, siendo obligados a vivir entre ratas y pulgas, y explotados tanto laboralmente pues se les exigía pedir limosna en las calles, como sexualmente según relatan muchos de ellos.

Tres situaciones que nos han hecho reflexionar bastante. Importa poco si han sucedido al otro lado del mundo o en lugar más recóndito del planeta; el dolor y el sufrimiento, son elementos repugnantes en la vida de los menores que han sido víctimas de conflictos entre naciones, que se han lanzado en un éxodo repleto de peligros, donde la muerte los espera ya sea en las vías del tren que los transporta hacia su destino o en manos de grupos de delincuencia organizada, que los secuestran para explotarlos o enrolarlos en sus filas; y otros más que con tal de encontrar un lugar para dormir y comer, se han internado en centros que carecen de regulación y en los que han hallado más problemas de los que tenían cuando vivían en las calles.

Hace un mes más o menos, leía un artículo publicado por Luciano Concheiro San Vicente, en el cual relataba a manera de anécdota su visita a un museo en el que se exponía una serie de retratos, los cuales conformaban la Galería intitulada “Boys de Annie Kevans”. Luciano comentaba que le confortaba ver todos los rostros de esos pequeños, pues más allá de que tenían rasgos totalmente diferentes, se podía ver en ellos la inocencia y la alegría que todo niño posee a esa edad.

Al final de su relato, Concheiro San Vicente se muestra estupefacto al descubrir que los retratos de aquellos niños, tenían nombres y apellidos. Dicha galería estaba compuesta por los personajes más funestos de la historia reciente, niños que al principio lo habían llevado a pensar en su infancia pero que al final, le habían provocado saber que eran los autores de la muerte de millones de seres humanos.

Así, entre muchos otros nombres aparecían el de Saddam Hussein (Irak), Mao Zedong (China), Kim Il Sung (Corea del Norte), Jorge Rafael Videla (Argentina), Radovan Karadžić (Serbia), Alfredo Stroessner (Paraguay), Efraín Ríos Montt (Guatemala), Francisco Franco (España), Hendrik Verwoerd (Sudáfrica), Benito Mussolini (Italia), Joseph Stalin (Unión Soviética) y Adolf Hitler (Alemania), entre muchos otros.

El autor del artículo termina diciendo que la responsabilidad de los actos de aquellos personajes no se exime por nada; pero que al ver los retratos una vez más vale la pena ponernos a pensar acerca de las acciones que estamos llevando a cabo, y cuál es su impacto en las vidas de nuestros niños y niñas, con el fin de prevenir y evitar a toda costa que alguno de ellos termine siendo un Stroessner, un Hussein, un Mussolini, un Milošević o un Hitler.

Parafraseando al autor y recordando la interrogante que establecí al principio de esta opinión; relanzaría un planteamiento más acorde al tema que hemos tratado: ¿qué clase de sociedad debemos tener para que nuestros niños y niñas no se conviertan en uno de los tantos retratos con los cuales Kevans compone su galería?

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) establece que las violaciones a los derechos de niños y niñas ocurren en todos los países y que representan barreras enormes, no reconocidas y en muchas ocasiones, no denunciadas para la supervivencia y desarrollo de los menores, además de constituir violaciones reales de los derechos humanos.

Nuestros niños ven la vida de maneras especiales y sorprendentes. Cada niño es un ser diferente e independiente, con opciones únicas y puntos de vista muy particulares. Al ver el mundo desde la perspectiva de uno de los tantos pequeños que hemos mencionado, nos podría ayudar a comprender y dar una respuesta tangible a nuestras interrogantes, para saber qué es lo que realmente requieren y necesitan. Ellos pueden enseñarnos más de lo que imaginamos.

En momentos tan difíciles como los que hemos visto en los medios de información, es que nuestra tarea se vuelve indispensable para tratar de formar sociedades en las que los menores de edad puedan conseguir los medios necesarios que les permitan sobrevivir y que les servirán como herramientas para su inevitable crecimiento. Depende de nosotros, de toda la masa social convertir a nuestros niños en los adultos que alguna vez deseamos ser.

Diría el gran comediante Cantinflas en su canción…”cuando todos los niños sonrían y en sus caras no exista el dolor, será nuestra más grande alegría…cuando todos los niños del mundo sonrían de felicidad, podré ya sentirme tranquilo del destino de la humanidad…ojala que la gente lo entienda, y vamos a unirnos en una sola voz, aún es tiempo de vivir…pos claro que aún es tiempo, de que ustedes comprendan que los deseos de un niño hay que cumplirlos, a un niño no se le engaña jamás, siempre, los niños porque pos yo no sé, para qué crecimos nosotros, para que nos desenrollamos, empezar a sufrir, no, el niño debe de ser niño y nosotros tenemos que ver que algún día todos los niños empuñen un olivo en vez de un fusil; será mi más grande deseo de vivir, un motivo para no morir.”


Y recordando las palabras de Mauricio; está en nosotros darles una oportunidad, proporcionarles lo necesario para que algún día sean algo mejor de lo que son hoy en día.


miércoles, 11 de junio de 2014

Como México...no hay dos



“Los países ricos tienen pocas […fiestas…]: no hay tiempo, ni humor. Y no son necesarias; las gentes tienen otras cosas que hacer y cuando se divierten lo hacen en grupos pequeños. Las masas modernas son aglomeraciones de solitarios. En las grandes ocasiones, en París o en Nueva York, cuando el público se congrega en plazas o estadios, es notable la ausencia del pueblo: se ven parejas y grupos, nunca una comunidad viva en donde la persona humana se disuelve y rescata simultáneamente. Pero un pobre mexicano, ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que lo compensan de su estrechez y de su miseria? Las fiestas son nuestro único lujo; ellas sustituyen, acaso con ventaja, al teatro y a las vacaciones, al week end y al cocktail party de los sajones, a las recepciones de la burguesía y al café de los mediterráneos.”

La imagen mental que autores como Octavio Paz en su grandísima obra “El Laberinto de la soledad” nos dice que nuestra especie, el mexicano y su forma de ser lo lleva a explotar en múltiples formas ante un evento directa o indirectamente relativo a él. Las constantes convulsiones que la sociedad y la situación actual han amoldado su modus vivendi, tanto que le han llevado a adoptar simbolismos para contrarrestar los momentos más amargos de su desarrollo político, cultural, social, económico y hasta sentimental.

La vida y sus complicaciones, han llevado al mexicano a buscar deleites y placeres ante los cuales no puede obtener fácilmente y que a veces la sociedad se los niega. En absoluto, uno de ellos consiste en el simple hecho de mirar un encuentro de fútbol ya sea en televisión o asistiendo al estadio para aquellos que tengan la posibilidad de hacerlo. 

Por tanto, el mexicano es ajeno al juego sociopolítico que se lleva a cabo en su entorno, sin embargo aprecia como ningún otro los hechos vigentes, lo que al final le permitirá vaciar los problemas y los obstáculos que la vida le presenta y darse el exquisito lujo de hacerle frente a ello, con el sólo hecho de gritar y desbordar su alegría, su enojo, su frustración…cuando su equipo marca un gol en la portería ajena; sin importar si es campeón o no, el mexicano aspira a crear una fiesta en la que puedan asistir tanto él mismo como anfitrión y el resto de las células sociales con las que respira.

Y en ese tenor de ideas, al mexicano poco le importa si hay o no privatización de su petróleo, o si la educación tendrá alguna mejora, o si la guerra contra el narcotráfico está funcionando o al contrario sigue devastando su país. Lo que enardece al mexicano es ver anotar un gol de su equipo, de su selección, lo que le llena de orgullo es poder ir a otro país y sin importar la diferencia numérica gritarle ¡Puuutoooooooo!, y otras consignas al rival odiado. Y sin embargo, el fútbol con todos sus actores nos hace olvidarnos de todos los problemas que confluyen en nuestro vivir, nos hace no pensar durante un lapso de noventa minutos y mayormente nos da la sensación y la oportunidad de aceptar la vida con las cosas que traiga consigo.

Queda claro que como México y como mexicanos no habremos dos. ¿Qué pasa con lo demás? Eso ya no me corresponde a mí, eso es tarea de cada protagonista o cada historiador, cada uno de ellos condimentará a gusto las opiniones aquí vertidas.

Pan y circo, el perfecto distractor. Todo depende de la perspectiva con qué se miré. Claro que necesitamos despertar de nuestro letargo social, pero no culpemos a un deporte como lo es el fútbol que a pesar de darnos más derrotas que victorias, también nos ha proporcionado ese deleite y esa valía, esa audacia y ese gusto con la cual desemboca nuestra pasión y nos hace imitar aunque sea por unos instantes a los jugadores, ya sea de nuestra patriecita o de la ajena, porque al final del día, quien gane o quien pierda, lo habrá hecho tras jugar verdadero fútbol.

Y tomando de nuevo las palabras del gran premio Nobel de Literatura, la fiesta que el mexicano crea, la edifica no para divertirse, pues su deseo es sobrepasarse, saltar el muro de la soledad que el resto del año lo incomunica…y es significativo que un país tan triste como el nuestro tenga tantas y tan alegres fiestas. El mexicano festeja por todo, incluso hasta por un Mundial que no tenga su sede en nuestro territorio, pero que sin embargo su brillo lo alcanza, el entusiasmo con que todos participamos, parecen revelar que, sin esos festejos…simplemente…estallaríamos.



jueves, 17 de abril de 2014

Del placer de escribir



"Si uno no crea, es cuando le llega la muerte". "Cuando no escribo, me muero; y cuando lo hago, también". (Entrevista con Efe, Sevilla, 1994).


La palabra es el elemento primordial de nuestra comunicación. Si no existe una verdadera comunicación, en consecuencia no se tiene cultura; es más no podremos concebir ni definir lo que es la cultura y tampoco podremos atender como comunicarla a otros. Sin embargo, lo que sí sabemos es que el ser humano siempre ha idealizado y pugnado por que la palabra exista y no muera ni quede en el olvido. No hay otro camino; nada de nada y para nada. 

Pero ¿cómo es que nos comunicamos? Entre el emisor de la palabra y el receptor de la misma, a veces no hay mensaje. No existe claridad respecto a las ideas que debemos comunicar, es decir, hablamos sin hablar.

Haces como si dijeras algo. La formula exacta para hacerlo radica en atender la sustancia; el cuerpo que llevan las palabras. 

Saber lo que una persona está diciendo representa un enfoque enorme para entender nuestro alrededor, nuestro entorno y al final, para entendernos a nosotros mismos. El ser humanos tiene que ser cauteloso con lo que dice, con lo que expresa y con lo que entiende. No puedes desconocer el significado del mensaje, ya que o aceptas lo aceptable o por el contrario, aceptas lo inaceptable. 

En ello radica la importancia de leer. Si no aprecias la palabra como se debe, entonces jamás podrás entender una línea, un renglón, un párrafo, un texto completo, un libro…porque no lograrás entender lo que significan esos signos ni mucho menos, las uniones y conexiones de los mismos. 

Si te mencionó una palabra, por ende tú deberás relacionarla con algo más. Si te digo que cierto día, un 6 de marzo de 1927 para ser más exacto, nació una persona en un poblado llamado Aracataca y que se dedico la mayor parte de su vida a escribir, lo que tú deberás hacer dentro de tu mente es cotejar ese lugar con recuerdos, sentimientos, sueños e ideas. Una vez hecho esto, las conexiones neuronales de tu cerebro revisarán como si se tratase de una súper computadora, las etiquetas que tengan que ver o que se relacionen con dicho contexto.

Quizá tardes un poco en aterrizar las ideas, pero al final todo apuntará a una sola conclusión; es entonces que de tu boca saldrán más palabras, como si se tratase de un depurador que sintetiza conceptos y que los transforma en un mensaje…tú responderás: Gabriel García Márquez. 

Así, ese nombre se queda después de un resultado final, sin haber excavado demasiado analíticamente hablando. 

Pero qué con Gabriel García Márquez. ¿Qué con Gabo? 

Cuando un ser humano llega al final de su vida, cuando después de haber agotado la mayoría de los propósitos por los que habitaba en la tierra, parte hacia un nuevo e incierto destino, el mundo lo siente. Cual padre de todos los seres, el universo se adolece de perder la vida de alguien o de algo. No obstante sabe que es parte del desarrollo de todo lo que existe, vivir y al final morir. Sin embargo, también reconoce que aquello que deja de existir ha cumplido con sus designios, con sus funciones dentro del enorme aparato social. 

Gabo, que nació y creció en Aracataca y que luego partió para recorrer muchas partes del mundo y con ello buscar refinar el espíritu a través de la palabra, sabiendo y enseñando qué se dice por medio de ella, creando seres analíticos, críticos y pensantes…ha partido hoy hacia una nueva empresa. 

El amor en los tiempos del cólera. El coronel que no tiene quien le escriba. Crónica de una muerte anunciada. Del amor y otros demonios. Extraños peregrinos: doce cuentos. Los funerales de la Mamá Grande. La hojarasca. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. La mala hora. Memoria de mis putas tristes. Noticia de un secuestro. Ojos de perro azul. El otoño del patriarca. Relato de un naufrago. Vivir para contarla. Cien años de soledad. 

Las palabras se visten de luto. Saben que uno de los escritores que jugaba con ellas, que las dirigía para ordenarlas en líneas que expresarán su pensamiento y su vivir, que les daba el verdadero significado de ser y de existir, que sin descifrar códigos comunicativos las revestía de una vastedad de importancia, que las pintaba con imaginación para que esta se pudiera desprender al ser leídas, aquel hombre que por medio de ellas penetraba cualquier pared de plomo para lograr llegar al reino de lo abstracto, de lo utópico, de lo fastuosa que es la vida misma…se ha ido. 

Podríamos pensar que han quedado abandonadas a su suerte. Pero, considero que no es así. Es momento de tomarlas, de conservarlas, de salvaguardar el legado de un hombre que escribió para contarnos como vivió esta vida en la que todos estamos inmersos. 

La palabra se ha quedado sin uno de sus padres. Ha llegado la hora de adoptarlas, para que en un futuro no queden en el olvido, sino que permanezcan vivas, lo que constituye una noble función para nosotros como seres humanos. 

La palabra no solamente es un signo gráfico. Es algo que va más allá. La palabra es todo aquello que diga algo y nuestra labor nos constriñe a entender ese “algo”, de lo contrario no podremos interpretarlo, y entonces le habremos fallado a Gabo y nos habremos fallado a nosotros mismos. 

Esto es lo que nos dará la pauta para quedar como simples espectadores de los mensajes que nos da la vida o para ser partícipes de ella. 

¡Gabo! ¡Gracias, muchas gracias! 






domingo, 2 de febrero de 2014

Superhéroes o quizás no... [Primera Parte]



La definición propia de «superhéroe» nos refiere a los personajes de ficción cuyas características superan las de un héroe clásico, debido a que en la mayoría de los casos estos sujetos cuentan con poderes sobrehumanos, aunque hay otros que no necesariamente los tienen. 

Es así que esa palabra ya forma parte de nuestro lenguaje y por ende de nuestra cultura. Desde hace años atrás hemos venido observando un crecimiento en las cintas cinematográficas debido a la proyección en la pantalla grande de superhéroes salvando a la humanidad de invasiones extraterrestres, de criminales que  pretenden conquistar el mundo y obtener la sumisión de la humanidad; entre otros objetivos individualistas y personales. 

Pero, ¿qué características tienen estos seres de ciencia ficción que nos entretienen tanto y nos llaman la atención a todos?

Desde Spiderman, Hulk, Capitán América, Thor,  Mr. Fantastic, el Profesor X, Wolverine hasta Superman, Flash, Linterna Verde y cientos de personajes más, encontramos que todos ellos, diferentes en sus características y poderes, son similares en su origen. Todos ellos extraterrestres, dioses mitológicos, razas apartadas de la humanidad, productos o víctimas de algún experimento científico; creados a través de la obtención de aparatos o instrumentos tecnológicos muy avanzados, artefactos místicos o con poderes sobrenaturales, demonios, etc.

Sin embargo, existe un selecto círculo que encierra otro tipo origen en común.

Punisher, Daredevil, Ironman, Elektra, Viuda Negra y más recientemente, Batman; conforman un pequeño grupo de personajes que tienen algo en común respecto a su origen. No cuentan con poderes especiales, pero si hay en ellos un deseo de justicia, un deseo que primero se originó en una venganza debido a un hecho o circunstancia traumática que los llevó a adoptar esas personalidades y que después de conseguir algunos puntos a su favor, tomaron un estandarte en pro de la libertad, la justicia y la paz dentro de sus respectivas comunidades y sociedades.

Dichos individuos cuyas familias o seres queridos fueron asesinados, carecen de súper poderes para combatir a sus respectivos villanos; sin embargo cuentan con sofisticadas armas, herramientas, aparatos y habilidades que les permiten realizar su labor de justicieros.

Pero…a pesar de buscar un bienestar colectivo, se han encontrado con un obstáculo que en ocasiones les cuesta mucho trabajo superar y que incluso les frena en sus acciones: el gobierno.

No obstante, en la mayoría de esas historias, estos héroes desconocidos siguen en su búsqueda de la justicia social que ha sido lacerada por múltiples villanos y criminales, que al igual que ellos, persiguen objetivos y metas, sólo que en su caso para lograr una satisfacción personal o de un grupo de poder ilegítimo; por lo cual, los primeros justifican sus acciones diciendo que el trabajo que ellos realizan, es un trabajo que los encargados del sistema de gobierno omiten o se muestran incapaces para desarrollarlo. Algunos incluso, se atreven a decir que le están “dando una mano” a las autoridades.

Ojalá y más de uno, haya regresado un poco a su infancia o a su juventud con esa descripción de los personajes que alguna vez imaginamos convertirnos para salvar a otros de la terrible villanía y maldad de otros sujetos.

Hora de volver a la tierra…y a la realidad.

Una realidad en la que Michoacán, uno de los 31 estados que componen nuestro país, es tema de constante debate y noticia. Una cruda e infeliz realidad, en la que si nombras dicha región vienen a tu mente palabras como “narcotráfico”, “delincuencia organizada”, “levantones y ejecuciones” y más recientemente “grupos comunitarios o autodefensas”.

Los grupos de autodefensa surgieron en Michoacán y Guerrero, en respuesta a lo que ellos llaman "la inacción de las autoridades en contra del crimen organizado en la región". Al igual que los personajes que describimos en cuanto a su origen traumático, las autodefensas son un conjunto de personas que cansadas de la violencia que azota no sólo a esas regiones, sino más aún, que tiene un profundo impacto en sus actividades cotidianas, en sus relaciones familiares y sociales; acordaron reunirse y tomar las armas por cuenta propia para realizar lo que el Estado dejó de hacer:

…promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos […] en consecuencia, deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley.

Por el momento las autodefensas en Michoacán operan en municipios como Buenavista, Tepalcatepec, Coalcomán, Aguililla, Tancítaro, La Huacana, Churumuco y Parácuaro, todos municipios de la Tierra Caliente; una zona que se ha visto marcada por la pobreza y donde sus habitantes se dedican generalmente al campo. 

Su operación y organización radica en una necesidad que el Estado no está satisfaciendo como se está obligado a cumplir para el bienestar del cuerpo social. No está procurando la seguridad y estableciendo las medidas necesarias para garantizar un pleno desarrollo de las personas, ya no hablemos de esta región, sino de todo el país.  

Por ello, el Estado mexicano debe controlar el surgimiento de las autodefensas en Michoacán para evitar su proliferación en otras partes del país, y con ello prevenir más brotes de una violencia generalizada que ha paralizado a muchos de los sectores que componen a nuestra sociedad, a nuestro México.

Las “autodefensas” si bien emulan en algunos rasgos a los personajes que han adoptado una personalidad de héroes y que buscan continuar lo que el gobierno y sus respectivos órganos dejaron de hacer, violan un precepto constitucional contenido dentro del artículo 17 de nuestro máximo ordenamiento legal, el cual establece lo siguiente:

Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho.

Esto significa que el único facultado para administrar justicia es el Estado. Es el único ente que puede tener el monopolio de la ley.

La existencia de estos grupos radica en tomar las armas y regresar a la antigua normatividad, a la auto tutela, a la ley del Talión para defender en un principio sus intereses subjetivos y las vidas que ellos ostentaban antes de la llegada de la delincuencia.

Asimismo, y a diferencia de los superhéroes que nombramos; las autodefensas al fin y al cabo persiguen intereses individuales más no colectivos. Esto lleva a una contradicción mayor, pues no están obedeciendo un orden sino al contrario están imponiendo uno en el que la reacción normal y natural hacia un ataque es otro ataque. No se estarían convirtiendo en superhéroes, sino al contrario; en los villanos y malos de la historia.

No tengo idea cuando se detendrá esa guerra que fue desatada por parte del Gobierno Federal para derrotar al crimen organizado. No tengo ni la menor idea, de quién será el vencedor. Lo que sí sé, es que las víctimas de la violencia no pertenecen a un solo grupo de personas, sino a un conjunto de seres que comparten esa misma esencia y naturaleza, seres humanos que no buscan otra cosa más que el bienestar individual y colectivo, que pretenden alcanzar sus sueños y lograr con ello la felicidad. Y también sé que, no podemos ser espectadores del problema y dejar sólo al orden superior en esa lucha, pero tampoco podemos ser partícipes directamente en el problema.

Es inaceptable que toleremos el crecimiento de esta enfermedad, pero también es inaceptable que se formen grupos de defensa comunitaria que usen de manera deliberada las armas y con ello traten de realizar la labor en la que el Estado y sus órganos de acción están trabajando poco a poco. Quizá me reprocharan por este comentario; pero hay que tener en cuenta algo: la violencia genera más violencia.

Nuestro ámbito de acción no está atrincherándonos en las calles, creando emboscadas y persiguiendo criminales. Nuestro trabajo se debe centrar en las responsabilidades que tenemos para con nuestro entorno social y para con el Estado.

¿Qué podemos hacer entonces? ¿Debemos quedarnos cruzados de brazos? No lo creo, pero tampoco creo que organizar defensas comunitarias sea la vía para conseguir la prosperidad y felicidad en nuestras vidas. El trabajo que hacer es demasiado; y si el Estado tiene sus obligaciones, como ciudadanos también contamos con las nuestras y no debemos olvidarnos de ellas.

Los héroes que recordamos al inicio estarían muy decepcionados de nosotros si supieran que luchamos contra las injusticias que se presentan en la sociedad, de una manera vengativa y solamente persiguiendo el interés de cada persona, más no el de un cuerpo social. 


Mientras escribía esto, las autodefensas y el Gobierno han llegado a un acuerdo. Se pretende institucionalizar a estos grupos, obedeciendo ciertos parámetros y respetando algunos límites que han sido establecidos por la ley.
 
Entonces, mi artículo quedará incompleto, pero trabajaré en ello. Y recordando la frase de todos esos comics: 
 
Está historia continuará…